Ya no sé que hacer… mi hijo suspende

30 de Noviembre de 2014

“Luis, 11 años, entrega a sus padres las notas. No lo entiendo, dice el padre, con lo que te has esforzado y estudiado y todavía traes varios suspensos…”

Esta situación es más común de lo que parece y padres e hijos deben enfrentarse a ella, a veces, sin las suficientes herramientas ni apoyos para solucionarlas.

El rendimiento académico por debajo de lo esperado para su edad y curso, es uno de los problemas más graves a los que se enfrentan, continuamente, alumnos y familias, de hecho, uno de cada cuatro niños lo sufre.

Las variables que influyen en este bajo rendimiento son múltiples, entre ellas encontramos: la inteligencia, el TDAH, la ansiedad, la depresión, los miedos, la situación familiar, la actitud de los padres (exigentes, sobreprotectores, indiferentes ante el estudio de sus hijos…), la falta de hábitos de estudio, los problemas de aprendizaje, la sobrecarga de trabajo, el papel del profesor…

Pero además de todos estos problemas, que pueden reducirse, en su mayoría, a problemas de aprendizaje y emocionales, encontramos otras causas.

La idea de que los vagos o los tontos son aquellos que no tienen un adecuado rendimiento académico cada vez es más reducida. Aun así, un gran número de niños afectados, consideran que no es su esfuerzo lo que se valora sino sus notas. Y cuando un niño se esfuerza una y otra vez y sus notas no mejoran empieza a interiorizar “Me esfuerzo y no apruebo, así que no valgo para nada” por lo que “no merece la pena esforzarse”.

Esto repetido en el tiempo, que dependiendo del niño será más o menos largo, produce una serie de consecuencias que no sólo afectan al plano académico sino también al resto de los entornos del niño: escuela, familia, amigos y a su personalidad en construcción.

Círculo vicioso que se repite una y otra vez aumentando más los síntomas del niño, las tensiones y la preocupación en la familia, cada vez el niño se encuentra más perdido académicamente en clase… por eso si se sospecha que el niño puede tener dificultades que no le permiten un rendimiento adecuado, se debe acudir, cuanto antes, a un profesional que aborde qué está ocurriendo, por qué está ocurriendo y qué se puede hacer. Rompiendo así el círculo y buscando soluciones con las que juntos, padres, profesores y niño, puedan poner en marcha una serie de pautas que ayuden a cambiar la actitud del niño y a no culpabilizarlo.

¡TODOS SOMOS RESPONSABLES!

Hay que tener en cuenta que cada niño es único. No todos los niños van a presentar los mismos síntomas ni van a responder de la misma manera. De este modo, habrá niños con bajo rendimiento y conducta disruptiva, otros que tendrán bajo rendimiento y una conducta adecuada pero una gran cantidad de ansiedad… por ello hay que tratar a cada niño de forma exclusiva.

A pesar de la frecuencia con la que aparece el bajo rendimiento académico en los niños y la multitud de causas que puede producirlo, es un problema que cuenta con buen pronóstico, siempre que se aborde a tiempo. Por ello, es fundamental su rápida detección y su intervención.

“Son muchas las manos y los corazones que contribuyen al éxito de una persona” Walt Disney

Marta Prada Antón | Psicóloga Sanitaria Infantojuvenil

marta.prada@psicologiamentae.com

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