Regulación emocional en los más pequeños

12 de Mayo de 2016

La regulación emocional es una habilidad fundamental y necesaria para todas las personas. Regular las emociones implica saber detectarlas cuando aparecen sus reacciones fisiológicas, identificarlas y etiquetarlas, para después modificar su intensidad y así poder manejarse adaptativamente con ellas. No hay que eliminarlas, sino aprender a no dejarnos llevar por ellas.

Una regulación emocional eficaz implica un mejor funcionamiento social y personal. Así como un menor sufrimiento asociado. Por ejemplo, si una persona critica nuestro trabajo podemos enfadarnos y en lugar de defender lo que hemos hecho de una manera racional, podemos enfrentarnos a nuestro compañero o simplemente dejar de hablarle. Si esta persona supiese regular su emoción podría disminuir su intensidad y usar la energía que esta le proporciona para defender su trabajo de una manera constructiva. Es por esto que conviene aprender a regular nuestras emociones cuando somos pequeños. Así de mayores no nos supondrá ningún esfuerzo y lo haremos automáticamente.

La regulación de las emociones empieza desde pequeñitos. Cuando somos bebés nuestros padres deben de contener nuestras emociones porque nosotros no tenemos esa capacidad. Los recién nacidos dependen de sus padres para todo: la regulación de la temperatura y la ingesta entre otras funciones. Y por supuesto también para la regulación de las emociones. Cuando un niño llora necesita a sus padres para calmarle meciéndole, acunándole, ablandando esa emoción con una voz suave y cariñosa.

Después a partir del año los padres empiezan a ser un modelo de aprendizaje de los hijos. Si por ejemplo el niño observa como su padre o madre entra en cólera ante un suceso puede aprender también a reaccionar de la misma manera ante sucesos parecidos. Con el tiempo estas reacciones que aprendemos de los padres las automatizaremos y las haremos nuestras. No es infrecuente que ya de adultos nos demos cuenta que nos parecemos a nuestros padres en muchas de nuestras reacciones ante la vida, incluso podemos utilizar las mismas expresiones verbales. Por eso es muy importante que los padres aprendan a regular sus emociones si quieren que sus hijos de mayores hayan adquirido esa habilidad. Aquí no vale el dicho: “haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga”. Lo ideal es dar ejemplo con la propia conducta.

A parte de actuar como modelo también se puede animar al niño a que aprenda voluntariamente la regulación emocional. Para ello lo primero que hay que hacer es enseñarle las emociones. Que aprenda a distinguirlas. Con cuentos o dibujos educativos que hablen de los distintos tipos de emociones y luego directamente en la vida diaria con una comunicación emocional. Un ejemplo de esto sería hablar al niño de la siguiente manera:

“Has manchado con pintura el vestido de mamá a pesar de que te advertimos que no lo hicieras. Mamá se siente triste porque va a tener que tirar un vestido tan bonito, que además se lo regalo papá”.

Es decir, no sólo hay que regañar o castigar al niño por su conducta, también hay que hablarle de las emociones que su conducta provoca en él y en los demás. Por ejemplo:

“Sabemos que querías ir al parque a jugar y que estás enfadado porque te hayamos castigado sin ir por romper el jarrón. Pero papá te advirtió de que no se podía jugar al balón en casa. Papá también está enfadado porque no le hiciste caso y triste porque ya no se puede arreglar su jarrón favorito”

Después de enseñarle a etiquetar las emociones y a que él las reconozca cuando aparecen en él y en los demás hay que tratar de que aprenda a regularlas. Aquí manejar la respiración es fundamental. Que aprenda la respiración diafragmática es fácil y si lo hace con sus padres seguro que se animará. Hay algunos videos en internet que pueden ayudar al principio, “tranquilandia” o “sólo respira”, son algunos ejemplos.

Cuando aprenda a respirar diafragmáticamente se le puede animar a hacerlo cuando se encuentre alterado. Y así aprenderá a regular sus emociones poco a poco. Como cuando uno aprende a montar en bici no se tire el primer día cuesta abajo y lloviendo, sino que empieza de menos a más. Si los padres practican con él le será más fácil. De nada vale que el padre diga a gritos al niño que se relaje. O que le pidan algo que luego ellos no cumplen, por ejemplo gritándose entre padre y madre.

Actualmente el mindfulness está muy de moda. Yo personalmente lo practico en la clínica con los más pequeños con muy buenos resultados. También suelo animar a algunos padres a que aprendan a practicarlo con sus hijos. Para más información sobre lo que es el mindfulness y como se práctica podéis consultar otros artículos de este blog.

En resumen, aprender la regulación emocional desde pequeñitos nos proporciona una gran ventaja en la vida adulta. Los adultos que tienen una buena inteligencia emocional tienen más éxito en su vida personal y en su trabajo. Y sufren mucho menos ante los continuos altibajos de la vida.

Samuel Gómez Jiménez / Psicólogo infanto-juvenil en Madrid

samuel@psicologiamentae.com

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