Apego, dependencia emocional y vinculación adulta

31 de Julio de 2015

Los seres humanos desarrollamos nuestras capacidades afectivas desde que nacemos. A través del llanto, la risa, etc. vamos estableciendo vínculos con nuestros padres, que nos proporcionan protección y seguridad, y determinarán gran parte de nuestra personalidad adulta. En función del tipo de relación que se establezca, se desarrollará un tipo u otro de apego.

Un apego seguro se define por la exploración activa del bebé del entorno en presencia de su figura de apego, es producto de la combinación del amor y los límites, aspectos vitales en el desarrollo humano. Cuando estos bebés se separan de su madre, esta separación es vivida sin ansiedad, ya que tienen la certeza de ser protegidos y cuidados incondicionalmente. La figura materna es capaz de calmarlos y arroparlos en momentos de tristeza y angustia.

El apego inseguro evitativo suele desarrollarse por padres que no atienden las necesidades del bebé, tienden a ignorar los llantos y no prestar demasiada atención a los gestos y logros del bebé. Estos niños no muestran malestar cuando sus figuras de apego no están cerca, ya que la vinculación que se ha generado sería similar a la de cualquier persona extraña.

El apego inseguro ambivalente se da cuando la figura de apego no responde a sus necesidades en todos los casos. Los bebés crecen con la incertidumbre de si será ignorado o atendido en cada ocasión, o se le ha atendido, pero de forma inadecuada. Se suele dar cuando los padres o cuidadores priorizan por sus necesidades (estrés, cansancio, estado de ánimo, etc.), dejando las del niño o niña en un segundo plano.

Llamamos apego inseguro desorganizado a la combinación de los dos subtipos anteriores. El bebé sentirá angustia ante la separación, sin embargo cuando se da el reencuentro no se sentirá aliviado.

Pero, ¿Cómo influye esto en nuestra personalidad adulta y en desarrollo de dependencia emocional?

Los vínculos y el tipo de apego que hemos experimentado en nuestra infancia marca nuestra personalidad adulta y cómo nos relacionamos con las personas de nuestro entorno. Por lo general, y sin tener en cuenta otros factores y experiencias tempranas, si una persona ha carecido de un apego seguro, es posible que genere dependencia emocional, o necesite llamar la atención del otro para evitar el abandono.

Existen muchos ejemplos comunes de cómo un apego inseguro puede determinar nuestra vinculación adulta: personas que necesitan estar constantemente cerca de su pareja, necesitando saber en todo momento dónde se encuentra, ante el temor al abandono, al engaño o la soledad; personas que reducen su vida social y actividades para estar junto a la persona amada e incluso personas que se mantienen en una relación aún siendo víctimas de abusos y maltrato, ante el temor a quedarse solos. En todos estos casos nos encontramos con personas que sufren dependencia emocional.

Por el contrario existen personas incapaces de mantenerse en una relación, aunque quieran a su pareja; personas incapaces de mostrar afecto, de comunicar emocionalmente sus sentimientos, que parecen fríos y excesivamente racionales; personas hostiles y desconfiadas en las relaciones sociales, etc. En todos estos casos, es posible que en su infancia generaran apego inseguro evitativo o desorganizado.

¿Significa esto que estamos condenados a vincularnos de una determinada manera sin posibilidad de cambio? Para nada, si te ves reflejado en alguno de estos ejemplos o recorriendo tu historia personal, crees que es posible que no te relacionaras en tu infancia bajo un apego seguro, la psicoterapia es el instrumento que necesitas para el cambio. A través de la toma de conciencia de porqué actúas como lo haces, qué es lo que motiva tus decisiones (necesidades de apego, miedos, narcisismo…) y junto con la nueva vinculación que se desarrolla entre paciente y terapeuta, se recorre el camino hacia nuevas formas de relacionarnos con el entorno y con los demás, nuevas formas más libres y espontáneas de ser tú mismo.

Me gustaría terminar esta entrada al blog con unas palabras de Jalil Gibran:

“El género humano es como un poema

Escrito en la superficie de un arroyo”

María Espigares de Silóniz | Psicóloga y Psicoterapéuta Gestalt en Madrid

m.espigares@psicologiamentae.com

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