La esquizofrenia como desorden mental

30 de Junio de 2015

Todo el mundo, la familia, los amigos, los profesores y por supuesto los profesionales, “opina” sobre la normalidad o no de las conductas que realizan los niños. La mayoría de las personas tiene una idea de cuáles son los límites que no deben sobrepasarse. Además, existe una dura sanción social para aquellos que sobrepasan dichos límites. Aun así, en unas ocasiones aciertan de manera sorprendente con su criterio de “conducta no normal” y otras veces se equivocan profundamente.

A través de toda la historia, la creencia acerca de los desórdenes mentales ha sido generalmente caracterizada por la ignorancia, la superstición y el miedo. La creencia de que los enfermos mentales son inestables y peligrosos sigue circulando por nuestras calles, la creencia de que un trastorno mental es algo de lo que avergonzarse y por lo tanto algo de lo que nadie puede enterarse sigue ocurriendo, esta tendencia a la negación de que se pueda padecer una enfermedad mental suele propiciar el rechazo a la petición de ayuda profesional y, en consecuencia, retraso en la detección, el diagnóstico y el inicio del tratamiento. De este modo, mientras que todas las personas se muestran compasivas ante un niño con cáncer o un niño con algún problema físico, no ocurre lo mismo con los que presentan algún desorden mental.

La esquizofrenia es considerada la “locura por definición”. Es imposible llegar a imaginar el impacto emocional, la angustia, que la comunicación del diagnóstico de esquizofrenia produce en todos sus afectados. Y mucho más el impacto que produce cuando el afectado es sólo un niño. Los conocimientos que se tienen sobre esta enfermedad son muy limitados: escuchan voces, ven cosas… pero ¿alguna vez nos hemos puesto en el lugar de un padre que experimenta como el hijo que conocen y quieren cambia de un modo que muchas veces puede resultar incomprensible?

En el libro de Raeburn (2006), sin duda uno de los mejores libros que te hace ponerte en la piel de esta enfermedad, un adolescente con esquizofrenia en una fase de recuperación describe así su enfermedad:

“Ser psicótico es como soñar, excepto que uno no está dormido. Lo importante acerca del sueño es que, mientras sucede, uno no es consciente de que no es real. Uno se cuenta a sí mismo esta historia y no cree que sea una historia, cree que verdaderamente está sucediendo. Y así es la sensación de estar loco”.

La esquizofrenia, produce inmensas repercusiones sociales, personales y familiares, no sólo en el aspecto económico sino también en el daño socioemocional que una enfermedad de estas dimensiones provoca. Por ello, debe haber un permanente interés clínico sobre esta enfermedad.

Aunque es cierto que a lo largo de la historia ha habido un interés constante sobre la esquizofrenia y se han producido avances muy significativos, aún hoy no conocemos, de manera exacta, la causa de la misma, ni sabemos un modo cien por cien efectivo para intervenirla. Además, disponemos de muy pocos estudios e investigaciones sobre ella en niños, lo que es sorprendente dado el daño que produce y la conciencia que se tiene sobre la esquizofrenia como una gran enfermedad limitadora.

Por lo que es imprescindible que continúe avanzando la investigación sobre el tratamiento de los más jóvenes. Pero además, es necesario disponer de medios para realizar una prevención primaria de esta enfermad. De esto modo, tal y como señala Tizón y cols. (2005), uno de los horizontes de la investigación básica consiste en prevenir una serie de señales de alarma que nos indican el riesgo para desarrollar una esquizofrenia.

Pero, a pesar de que la esquizofrenia es una de las enfermedades más graves, también hay esperanza para las personas que la padecen. De este modo, en unos datos aportados por Berlanga y Aznar (2004), gracias a la mejora en las intervenciones el 25% de estos pacientes no vuelven a tener otra crisis y son capaces de llevar una vida normal, el 50% se recuperaran de manera parcial y, aunque dependerán de un tratamiento farmacológico, podrán llevar una vida cotidiana sin repercusiones graves. Y el otro 25% tendrán una mala evolución y necesitaran cuidados especiales.

Estos porcentajes llaman mucho la atención, dado que la mayoría de las personas, tienen la creencia de que esta enfermedad es incapacitante al 100%, sin ninguna posibilidad de recuperación. Por lo que estos datos aportan esperanza a esta heterogénea enfermedad.

Termino con un fragmento sacada de la película: “Una Mente Maravillosa” en una conversación entre John Nash y su colega, George Mackey:

“¿Cómo pudiste?”, comenzó Mackey, “¿Cómo pudiste, siendo un matemático, un hombre dedicado a la razón y a la prueba lógica… cómo pudiste creer que los extraterrestres te están mandando mensajes? ¿Cómo pudiste creer que los extraterrestres del espacio exterior te estaban reclutando para salvar al mundo?”

Nash finalmente levantó la vista y miró fijamente a Mackey y sin pestañear dijo:

“Porque las ideas que yo tenía acerca de los seres sobrenaturales me llegaban del mismo modo que lo hacían mis ideas matemáticas. Por eso las tomaba en serio”.

Marta Prada Antón | Psicóloga especialista en niños y adolescentes

marta.prada@psicologiamentae.com

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