La empatía y el aprendizaje emocional en los niños

01 de Septiembre de 2021

Las diferencias existentes en el grado de empatía de los distintos niños están relacionadas con la educación que los padres proporcionan a sus hijos.

La investigación ha demostrado que los hijos se muestran más empáticos cuando su educación incluye la toma de conciencia del daño que su conducta puede causar a otras personas. Como “mira qué triste se ha puesto mamá por el jarrón que has roto”, en lugar de “eso que has hecho está muy mal”.

El aprendizaje de la empatía también se encuentra influido por la reacción de los padres ante el sufrimiento ajeno. De manera que los niños puedan imitar esas conductas. Por ejemplo, que los padres demuestren su tristeza ante la pérdida de un ser querido fomenta en los pequeños respuestas sanas y congruentes con la situación.

En el aprendizaje emocional en los niños es imprescindible que los padres demuestren a su hijo que saben cómo se siente, que aceptan sus emociones y le corresponden con empatía. Por eso hay que permitir a los niños enfadarse, estar tristes, frustrarse y un largo etcétera de emociones necesarias e imprescindibles para la vida. Qué sean emociones dolorosas no implica que hayan de evitarse. Nada más alejado de la realidad: EL NIÑO DEBE APRENDER A SUFRIR. Pues si no lo aprende de pequeño, de mayor no sabrá cómo manejar estas situaciones, ni cómo ayudar a las personas que quiere cuando estas sufran. Por lo tanto, es fundamental para el desarrollo psicosocial de los niños.

Lo dicho implica, por ejemplo, poner límites y mantenerlos firmemente, pero con amor y con empatía hacia el pequeño. Los estudios han demostrado que, si los padres fracasan reiteradamente en mostrar empatía hacia las emociones de sus hijos, esté dejará de expresarlas e incluso de sentirlas.

Por todo esto, los niños tienen derecho a expresar sus emociones (enfado, tristeza, miedo, frustración, vergüenza…). No dejar llorar a un pequeño es impedirle la respuesta sana ante una situación determinada. No hay por qué dejarnos llevar por la culpa que podemos sentir al ver sufrir a nuestro hijo. ¿Preferimos enseñarle nosotros a sufrir o que le enseñe la sociedad cuando sea mayor? Es mejor transmitirle nuestro afecto y empatía, demostrarle que sabemos lo que le ocurre por dentro enseñándole a sentir, que tratar desesperadamente de que se le “pase” la emoción desagradable para no sentirnos culpables.

Cuando la vida nos trae dolor hay que sentirlo, vivirlo, y después aprender de él. Así nos estaremos preparando para responder y resolver las situaciones. Y para ello hay que sentir. Enseñar al hijo a aprender a sufrir le ayudará a ser feliz de mayor. Y para conseguirlo la mejor herramienta de los padres es la empatía, pues sentir con el otro es cuidar de él.

Ser padres siempre es una tarea compleja y un reto enorme (en el mejor sentido del término), por ello, en ocasiones, llevaremos a cabo esta tarea de una manera más completa si contamos con el apoyo de algún profesional. En ese sentido contamos con una gran psicóloga infantil, así que no dudes en ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de atenderte sin ningún compromiso, ya sea a través de la modalidad de psicoterapia online o como terapia presencial en nuestro centro de psicología en Madrid.

Samuel Gómez Jiménez |  Psicólogo en Madrid

samuel@psicologiamentae.com

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