Divorcio, ¿Nos divorciamos o seguimos juntos por el bien de nuestro hijo?

4 de Febrero de 2016

Hoy día el divorcio es muy frecuente, mucho más que en la década pasada. Observando los datos del 2007, encontramos que los divorcios, separaciones o nulidades (137.510) representan más de la mitad de los matrimonios de ese año (204.772), en concreto los divorcios en ese año representan el 67% de los matrimonios. En otras palabras, es muy probable que las parejas que se casan hoy día acaben divorciándose, con los datos del 2007 observamos que por cada 10 uniones hay 7 separaciones. Este es un dato importante a tener en cuenta. Pues indica que las rupturas de matrimonios son frecuentes.

Hay que tener claro que el divorcio no es un hecho alegre y raramente es amistoso. Por lo general representa un fracaso para la pareja afectada y puede convertirse en una experiencia dolorosa y destructiva para los hijos. Esto hace que tomar la decisión de separarse no sea fácil. Incluso aunque las relaciones de pareja estén muy deterioradas, y se hayan hecho otros intentos por reconducir la situación, los padres a veces deciden permanecer juntos por el bien de los hijos. Pero está decisión ¿es buena para los hijos realmente? Pensemos en los hijos por un momento. Imaginemos vivir en una casa donde los conflictos de la pareja sean frecuentes y abunde el odio, el rencor, los insultos, o la ausencia de comunicación entre sus miembros. ¿Esto sería bueno para los hijos? Incluso podría darse el caso de que ya hubiera habido separaciones y reconciliaciones de la pareja. Los niños viven estas situaciones con la angustia constante de que su familia pueda romperse de nuevo.

Es decir, permanecer juntos por el bien de los hijos tiene claras desventajas como vivir en un ambiente de tensión o de faltas de respeto constantes. Como los padres son los principales modelos de la conducta de los hijos, hay que preguntarse: ¿les estamos transmitiendo lo que es una relación de pareja sana? Además los padres al estar sumidos en su batalla personal es fácil que, sin darse cuenta, no les dediquen a sus hijos la atención que realmente necesitan. Incluso puede darse el caso de que el padre o la madre adopte inconscientemente una actitud negativa con sus hijos por atribuirles la culpa de no separarse.

Está claro que si les preguntamos a los niños si quieren que sus padres se divorcien (algo que nunca debe hacerse), te dirán que no, por muy mal que estén las cosas en casa. Pues los hijos rara vez quieren que la familia se divida.

Por eso son los padres los que tienen que tomar esa decisión de manera conjunta, pensando en las consecuencias que tendrá sobre la familia la decisión de seguir una relación destructiva o separarse.

Lo primero a considerar es si los padres han consultado con algún especialista en el área, como lo sería el psicólogo de pareja o de familia. Es necesario que ambos se traguen su orgullo y consulten a alguien externo que no esté involucrado sentimentalmente, para que juntos analicen si es posible mantener la integridad familiar. La idea sería no ya permanecer juntos por el bien de los hijos, sino permanecer juntos por el bien de la propia pareja, ver si es posible resolver sus propios problemas de una manera activa y cooperativa. No simplemente aguantar el tirón, como se dice popularmente, sino trabajar activamente por recuperar la vida de pareja y familiar.

En los casos en los que el divorcio sea inevitable es importante recordar que los niños pueden resultar muy afectados. Por eso hay que llevar muy bien el proceso y actuar pensando en el bien de los hijos. Lo cual puede resultar muy difícil si tenemos en cuenta que la relación entre la pareja puede estar llena de conflictos sin resolver, tensiones, agresiones, etc. Los padres tienen que hacer un esfuerzo extra en estas situaciones, han de pensar detenidamente de que manera van a realizar el proceso de divorciarse. Son responsables de sus hijos y por ende han de hacer todo de manera que provoque las mínimas consecuencias negativas para ellos. Hay muchas dificultades que pueden surgir a lo largo de todo el proceso de separación de la pareja. Si los padres son conscientes de ellas podrán elegir la mejor manera de actuar. Un ejemplo de esto, sería que los padres dieran explicaciones sobre por qué se divorcian a sus hijos, adaptando el contenido a la edad de estos.

En próximos artículos comentaremos más detenidamente que aspectos han de considerar y tener en cuenta los padres durante el proceso de separación para no provocar en sus hijos más daño de lo que la propia situación en sí les va a causar.

Samuel Gómez Jiménez / Psicólogo Infantil y Adolescente en Madrid

samuel@psicologiamentae.com

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