Cómo habituarse a un estilo de vida activo y saludable

15 de Enero de 2016

¿Cuántas veces nos hemos apuntado al gimnasio y cuántas veces hemos dejado de ir? Solemos incluir la actividad física en nuestro día a día como una declaración de buenas intenciones.

Numerosos estudios demuestran que la práctica de deporte reduce el riesgo de sufrir un infarto de forma prematura. Es por ello que se recomienda moverse a diario aproximadamente durante media hora de manera que aumente el pulso y el cuerpo transpire.

Para que una persona se decida a llevar a cabo una conducta de intención como el ejercicio físico han debido cumplirse tres condiciones previas:

  • Expectativa de resultados o de consecuencias. Son aquellos beneficios que esperar obtener con el ejercicio. Ej.: Tendré que levantarme antes, pero a cambio estaré más sano y en forma”.
  • Expectativa de eficacia, es decir, que el sujeto debe estar convencido de que podrá alcanzar su objetivo.
  • La fuente de la motivación o el grado de autodeterminación en la decisión. No es lo mismo decidir hacer ejercicio físico porque tu médico te ha dicho que lo necesitas por razones médicas que tomar una decisión por ti mismo y acorde con tus valores donde el ejercicio físico es una buena opción.
  • Es importante saber la motivación intrínseca por sí sola no siempre resulta suficiente para llevar las buenas intenciones a puerto. Parece ser que el factor más difícil de manejar es el de la vagancia, podemos tener grandes planes para nuestro futuro pero la brecha entre ellos y nuestro comportamiento se hace más grande cuando aparece la pereza. Para ello aconsejamos establecer planes de acción concretos que definan con mayor precisión el cuándo, dónde y cómo del comportamiento que se tiene intención de llevar a cabo.

    El optimismo juega un papel muy importante a la hora de motivar a las personas para la práctica del deporte, ya que está muy relacionado con las emociones. Para establecer un estilo de vida activo y deportivo no solo debemos trabajar los factores cognitivos como las expectativas, sino que también los sentimientos pueden facilitar o dificultar que cada mañana salgamos a correr.

    Si el solo hecho de pensar en una bicicleta desencadena una sensación de incomodidad y fastidio, se necesitará mucha más fuerza de voluntad y energía para superar este sentimiento y decidirse a pedalear. En cambio, aquellos que sientan alegría porque saben que van a coger la bicicleta, al cabo de poco tiempo dejan de plantearse el dilema de si salir a hacer deporte o no.

    Elena Peñalver González |  Psicóloga Sanitaria en Madrid

    epenalver@psicologiamentae.com

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